8 diciembre 2022 (Día 46)

El gimnasio tiene una forma más o menos alargada. Entras y lo primero que hay es la recepción. Poco más adelante, a la izquierda, los vestuarios. Más adelante está la zona de cardio, lleno de bicis estáticas, cintas de correr y elípticas. Más adelante, al fondo, las pesas. Explico esto para que te puedas situar (que raro se me hace hablar contigo directamente, queridísimo lector) en lo que voy a contar ahora.

 Como dije ayer, me puse a darle duro a la bici. Cuando llevaba ya unos minutos pedaleando como si no hubiera mañana apareció el tipo popular. Lo primero que hizo fue meterse al vestuario para cambiarse de ropa, y cuando iba a entrar, me vio y me saludó con la mano mientras sonreía. Me sorprendió mucho, la verdad. No me lo esperaba. Pues no quedó ahí. Salió del vestuario y se detuvo a mi lado a hablar conmigo. No entiendo que con haber hablado conmigo cuatro cosas ahora haya cogido tanto compadreo. La conversación no era nada de importancia: me contó que para hacer cardio va al parque a correr, que al gimnasio solo hace pesas. Me preguntó cuanto tiempo llevaba entrenando, y que se veía que me lo tomaba en serio. Se metió con otros del gimnasio que no son tan serios en el entrenamiento y que faltan cada dos por tres, que bastaba con ver como estaba la sala de vacía, dijo. La conversación no era sobre nada destacable, pero el tipo tenía la habilidad para cualquier cosa hacerla interesante. Al final me dio una palmada en el hombro y se fue a entrenar.

Me siento ridículo por lo que voy a decir, pero tengo que decirlo: me sentí afortunado por recibir ese trato de él. Era como si él, rebajándose a hablar conmigo, me subiera de categoría dentro de la escala social. Y no solo eso, alabó mi seriedad con el entrenamiento y ridiculizó la falta de seriedad de los otros. Me hizo sentir orgulloso.

Ayer conseguí hablar con él de una forma más normal, pero no he conseguido dejar de verlo como a alguien superior. Espero ir cambiando eso poco a poco.

Creo que me sigue pareciendo un chulo, pero la verdad es que el tipo es muy majo.

Como estoy hablando mucho de él en el blog, creo que le daré un nombre ficticio. A partir de ahora le llamaré Casio, el chulo del gimnasio.

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