12 diciembre 2022 (Día 50)

Hoy el lunes se me ha hecho duro. Después de haber tenido una semana como la pasada, con fiestas salteadas, ahora se me cae el alma a los pies al pensar que tengo cuatro días de trabajo por delante (sin contar el de hoy, que ya está hecho). He estado pensando y me he dado cuenta de una cosa: a mis compañeros no les afecta tanto, al menos en apariencia. Hacen lo mismo que yo, por el mismo sueldo (creo), pero se lo toman de otra forma. Tienen otro ánimo.

Tal vez el problema no sea tanto que mi trabajo me amarga, que también, sino que soy yo quien se amarga.

Puede ser que el problema esté en mi. A lo mejor, si voy a trabajar a un sitio con mejores condiciones, siga con el mismo malestar. Puede ser que sea yo, que no soy capaz de afrontar la vida.

He estado reflexionando. El método Fermín está muy bien (es indiscutible, los resultados están ahí, aunque sean pequeños, de momento), pero hay que tener los pies en el suelo. Las posibilidades de que consiga un buen trabajo son nulas. Puedo darme con un canto en los dientes por conservar este. Por lo tanto, debo asumir que estoy condenado a este trabajo (o similares).

Uno de los puntos que puse en la entrada 2 (ya ha pasado tiempo) era que odiaba mi trabajo. La solución puede que no esté en buscar otro (que si se da el caso, encantado), sino en dejar de odiarlo. 

No me va a gustar, eso lo tengo claro, pero quizá puedo conseguir tomarlo de otra forma, sin amargarme. Trabajaré en esto, en tomarme la vida de una forma más positiva.

¿Que tengo que trabajar? No pasa nada, es parte de la vida. ¿Que lo paso mal porque trabajo mucho y me tratan mal? Es que es trabajo, si no fuera así no te pagarían para hacerlo.

Y tengo que concienciarme de algo: los días de trabajo no son días de trabajo, son días iguales que los sábados y los domingos, solo que tengo que ir a trabajar ciertas horas. A veces los fines de semana tengo que hacer algo, alguna obligación que no me gusta, pero eso no quita que sea un día de esparcimiento. Pues esto es lo mismo, el lunes es un día para disfrutar, aunque entre ciertas horas tenga que trabajar. El trabajo no es lo que define al día, sino solo una parte de él.

Voy a repetirme esto cientos de veces hasta que lo interiorice y consiga no amargarme por pensar que mañana tengo que trabajar. ¡Y aquí está el quid de la cuestión! Mañana no es un día de trabajo, es un día de ocio, en el que iré al gimnasio, buscaré chicas en la página y me divertiré con alguna otra cosa, y además, me toca echar unas pocas horas en el trabajo, pero solo unas pocas.

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