31 octubre 2022 (Día 8)

En el trabajo (No hemos hecho puente) he estado pensando mucho en la conversación que tuve con mis amigos sobre el gimnasio. Me decían que no es para mí, que no soy esa clase de persona. ¿Qué clase de persona? ¿Hay una clase de persona de gimnasio? ¿Los mazados que veía entrenar como animales son así de siempre? Y si son así de siempre ¿para que entrenan? En ese caso no lo necesitarían. Por otro lado, el método Fermín consiste en pasar de ser alguien que no me gusta a alguien que sí me gusta (o que me gusta más). Independientemente de cambiar mi físico ¿quiero ser una persona que deja las cosas a la primera semana porque no le gusta? La respuesta es no. Si pienso en como sería una persona ideal me imagino a una con carácter de acero. Alguien que no se rinde y que aguanta lo que le echen.

Sinceramente, me jodió mucho la conversación con mis amigos. Era admitir que no valía, y eso es humillante. A lo mejor cuando decían (yo el primero) que el gimnasio no es para mí, no se referían a un tema muscular, sino mental.

Pensar en ello me ha dado mucha rabia, y curiosamente (porque nunca ha sido propio en mi), esa rabia me ha dado orgullo.

Está decidido, esta tarde vuelvo al gimnasio a entrenar. Estoy muy motivado y me da igual marearme, vomitar o no poder moverme mañana (total, mañana si hago fiesta y no trabajo), voy a ir y voy a entrenar como un animal. No se trata ya de mejorar mi físico, sino de mejorar mi carácter. Así quiero que sea el nuevo Fermín.

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